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Auf
den Spuren der Ureinwohner. Ein archäologischer Reiseführer für die
Kanaren
Tras las
huellas de los
aborígenes.
Una guía etnoarqueológica de Canarias
De
Harald Braem
Emocionantes rutas de exploración
por Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La
Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura. El reconocido autor de libros
y realizador televisión Harald Braem lleva investigando 25 años en las islas
Canarias.
Acompáñele tras las huellas de los aborígenes canarios a lugares de
culto,
cuevas guanches, pirámides y participe de su apasionante aventura para
descifrar los misteriosos símbolos de una cultura
enigmática ya desaparecida...
Harald Braem resume brevemente las más importantes teorías arqueológicas sobre
el origen de los guanches. ¿Qué nos dicen momias, conchas de moluscos y
basura doméstica sobre la vida de los aborígenes? Pirámides y grabados
rupestres – ¿existe algo parecido en otras culturas? Tagorores, lugares de
culto, cuevas guanches y más información sobre los pobladores prehispánicos.
Sitios de interés, museos, consejos prácticos y bibliografía.
224 páginas, con 12 mapas,
34 fotos y más de 40 ilustraciones:
ISBN
978-84-934857-3-3, p.v.p. en Canarias 12,80 EUR
Solamente disponible en lengua alemana
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Los guanches: ¿mil preguntas y ninguna
respuesta satisfactoria?
Quien pase sus vacaciones en las islas
Canarias, encontrará en todas partes referencias a la antigua civilización
guanche: en periódicos, libros, revistas, museos, monumentos, carteles
publicitarios, y en ocasiones incluso en plena calle… Sin embargo, estas
referencias a menudo confunden más que ilustran, dado lo contradictorio de
las declaraciones vertidas por científicos, políticos y representantes de
los medios. Algunos expertos afirman que las Canarias están habitadas desde
hace unos 18.000 años, mientras otros sostienen que desde hace sólo 5.000; y
hay quien sitúa dicha fecha en el reciente 500 a. de C., e incluso más
tarde, en época romana, cuando supuestamente una galera de esclavos escapó
de su triste destino y se instaló en estas islas. No obstante, esta última
afirmación no puede ser probada por ningún testigo, puesto que a todos se
les había cortado la lengua. Los primeros pobladores pudieron ser tanto
bereberes como vikingos o aztecas, o hasta supervivientes de la mítica
civilización de la Atlántida. Y luego están esas enigmáticas pirámides de
Tenerife y La Palma…
Resumiendo: no resulta sencillo revisar
detenidamente todas estas teorías y especulaciones y obtener una visión de
conjunto medianamente objetiva sobre el asunto. Es justo por esta razón por
la que he decidido escribir este libro. Desde hace 25 años he realizado mis
investigaciones en las Canarias, donde he vivido varios años, y dados mis
otros viajes de estudios (Egipto, África del Norte, Mediterráneo, Irlanda,
Altai, Siberia, etc.), me considero capacitado para establecer comparaciones
que en cierta medida me llevan a sorprendentes conclusiones.
Sin renunciar a la debida exactitud
científica, en mis libros atribuyo una gran importancia a la utilización de
un lenguaje sencillo y comprensible y a un enfoque estructurado. En
consecuencia, no pretendo que leer esta obra se convierta en una ardua tarea
sino en una oportunidad para pasar un buen rato, adquirir ciertos
conocimientos y recabar útiles consejos.
Hombres primitivos rubios y enigmáticos
Los misteriosos y legendarios habitantes
primigenios de las islas Canarias llegaron a estas “islas afortunadas” por
mar y fundaron una serie de reinos. Eran hombres y mujeres de pelo rubio,
gran estatura y ojos azules. Los hombres lucían espesas barbas y las féminas
destacaban por su gran belleza. Y a pesar de que a la llegada de los
conquistadores españoles en el S. XV aún vivían como en la Edad de Piedra,
poseían conceptos morales distintivos y una religión que pueden ser motivo
de reflexión para nuestra actual generación…
Pero, ¿quiénes eran?, ¿de dónde venían?,
¿cómo transcurría su vida en estas islas de clima benigno? ¿Conocían el arte
de la navegación?, y de ser así, ¿pudieron llegar acaso hasta América en la
noche de los tiempos y recibían visitas regularmente de dicho continente?,
¿procedían de los egipcios, los fenicios o los cartagineses?, ¿acaso son sus
antepasados? ¿Son en definitiva las islas Canarias los restos de la mítica
Atlántida, que yace supuestamente en el fondo del océano?
Éstas y otras preguntas son las que pretende
contestar este libro. La exploración de las huellas y vestigios se basa en
fuentes y crónicas fiables, en narraciones y relatos procedentes de
manuscritos desaparecidos y redescubiertos elaborados por testigos
presenciales, así como en la arqueología experimental y en hallazgos
concretos que se pueden inspeccionar situados en numerosos enclaves del
archipiélago. Mapas, ilustraciones y fotografías complementan la
investigación, que es sin duda de gran calado, pero que queda por fuerza
incompleta, dada la continua aparición, casi a diario, de nuevos e inusuales
descubrimientos. Tan pronto encuentra un submarinista italiano esculturas
olmecas sorprendentemente bien conservadas en las aguas costeras poco
profundas de Fuerteventura, que hacen devanarse los sesos a los expertos,
como se topa un grupo de arqueólogos con menhires, cruces de piedra y bien
pertrechadas momias, o se descubren peculiares petroglifos y caracteres de
escritura sólo comparables a los encontrados en Irlanda, la Bretaña…o
Suramérica.
Por consiguiente, el presente libro no va
dirigido al turista convencional, sino a todos aquellos que no han olvidado
su capacidad de asombro, y como no, a los interesados en la historia del
arte, la arqueología, la etnología y la antropología; al turista individual
que sabe que al llegar a las islas Canarias no está visitando unas simples
islas de vacaciones, sino más bien lo que fue la cuna de una cultura
occidental desaparecida y misteriosa, un museo al aire libre de la Edad de
Piedra, un modo de vida primitivo que ha llegado hasta nuestros días en
forma de ciertos vestigios ubicados en apartados rincones de la geografía
insular. Las primeras crónicas
A lo largo de la historia, las islas Canarias
han recibido muchos nombres: Campos Elisios, Mansión de los Bienaventurados,
Atlántida, Islas Afortunadas, Purpuranias y Jardín de las Hespérides, entre
otros. Griegos y romanos, cartagineses y egipcios, fenicios y árabes
reportaron su existencia, y estas descripciones – revestidas de un halo
místico – atrajeron posteriormente a otros pueblos navegantes: normandos,
genoveses, portugueses, españoles y mallorquines. Todos ellos deseaban tomar
posesión de aquellas fértiles islas bendecidas con un clima paradisíaco, por
lo que entraron en conflicto armado con sus habitantes autóctonos omitiendo
sus inalienables derechos y justas reivindicaciones. A éstos les precedieron
los piratas ingleses, franceses, holandeses y mauritanos, cuyo anhelo
incontenible eran los tesoros y esclavos allí presentes, que devastaron y
saquearon las islas “felices” y aterrorizaron sus costas. Jean de
Bethencourt y Le Clerc estuvieron aquí, así como el Capitán Cook, Sir
Francis Drake, Nelson, John Hawkins y Blake, y fue en estas latitudes donde
los conquistadores españoles pusieron a prueba su posterior y metódico
sometimiento de los pueblos indígenas de Centroamérica y Suramérica; desde
aquí zarpó Cristóbal Colón en su viaje de conquista del Nuevo Mundo…
Uno de los relatos más conocidos de estas islas
se la debemos a Platón, el gran filósofo griego, que se basaba a su vez en
documentos escritos por sacerdotes egipcios. Sus descripciones son tan
peculiares y al mismo tiempo tan sorprendentemente detalladas (el filósofo
conocía ya la existencia de América) que he decido incluir algunos extractos
de dicho relato en este libro. Pero,
¿cómo adquirieron las islas Canarias en realidad su nombre actual? También
en este caso nos encontramos con afirmaciones contradictorias. Hay quien
sostiene que el nombre proviene del latín “canere” (cantar) y aluden al
canario, el pájaro cantarín, que habría sido el inspirador del topónimo
insular. Otros afirman que dicho nombre es un simple préstamo lingüístico
que se remonta a los tiempos de Ptolomeo y Plinio, cuando en las vecinas
costas marroquíes existía el “Cabo Caunaria” (en el actual supuesto
emplazamiento del Cabo Bojador). Sin embargo, la teoría más plausible es que
el archipiélago recibió su nomenclatura de la mayor de las islas del
archipiélago, Gran Canaria, puesto que se afirma que dicha isla estaba
plagada de perros salvajes de gran tamaño. En efecto, había una profusa
población de perros en la isla (pero, como han demostrado los esqueletos
encontrados en ciertos yacimientos, no eran ni de lejos de un tamaño tan
colosal como se afirma), de la cual aún quedan muchos ejemplares. El nombre
de “isla de los perros” (del latín “canis”) no se refiere simplemente a una
particularidad de la fauna, sino más bien a un componente importante de la
religión y el misticismo de los antiguos pueblos: los canes eran ya en
aquellos tiempos los primeros y más fieles acompañantes de los hombres. Lo
que es aún más, estos animales actuaban como mensajeros y vigilantes del
reino de los muertos: aquel situado en las lejanas islas occidentales de los
Bienaventurados, las islas de la Eterna Juventud y de la Vida Eterna.
Curiosamente, esta creencia se extendió por todas las principales culturas
del Mundo Antiguo. ¿Vuelve a ser esta cita una referencia a la hundida
civilización de la Atlántida, en la cual, según la leyenda, el hombre
aprendió a domesticar a los primeros animales?
No lo sabemos a ciencia cierta, pues éste es
otro de los enigmas no resueltos. Sólo nos queda la posibilidad de seguir
atónitos las impactantes huellas de los aborígenes isleños, y aprovechar la
oportunidad de aprender algo más de nosotros mismos y de nuestra historia
reciente...
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