De forma paralela al descubrimiento de América por
Cristóbal Colón, Alonso de Lugo conquista la Isla de la Palma, la
penúltima de las siete Islas Canarias que aún no había sido sometida a los
Reyes Católicos. En 1492 llega De Lugo con tres navíos a la costa
occidental de la isla.
En Benahoare, como los guanches llamaban a La Palma, el
pueblo se une a Tanausú, el rey de la tribu de Ácero y guardián del Roque
Santo, para preparar la resistencia. Pero con el engaño y la traición
consiguen los españoles vencer a los guanches y detener a Tanausú...
En esta novela, Harald Braem describe el panorama de toda
una cultura desaparecida, recreando un mundo mágico y profundamente
enraizado con la naturaleza de los guanches.
«¡Enhorabuena! Así se hace comprender la historia a la
gente.» (Offenbach Post)
«Harald Braem ha captado la mentalidad de los
conquistadores, los pioneros inhumanos de la Edad Moderna en un opresivo
cuadro histórico.» (Tages-Anzeiger Zürich)
Harald Braem:
Tanausú - Rey de los Guanches. Novela, 312 págs., ilustrado, Editorial
Zech, Tenerife 2005, ISBN 978-84-933108-5-1, 14,50 euros.
Muestra
de lectura: "Tanausú - Rey de los Guanches"
I.
ABONA
–Escucha –dijo el anciano–, voy a contarte la
historia, y te sonará distinta a como la has oído antes. Pues al contrario que
la mayoría, yo sé de lo que hablo. Yo estuve allí entonces, hace cuarenta años,
cuando los extranjeros llegaron a nuestra isla cruzando el mar...
»¿Ves el barranco que se extiende desde aquí hasta
la bahía? Se llama Barranco de las Angustias, y ya lo creo que merece ese nombre.
Fue terrible lo que ocurrió allí abajo; corrió mucha sangre y el río Taburiente
se tiñó de rojo. Numerosos guerreros murieron en la lucha, casi todos enemigos,
pero también muchos de nuestra tribu. Yo mismo resulté herido y yací un largo
tiempo en el umbral del Reino de las Sombras. Pero mi hora aún no había llegado.
El Guayote del volcán, el demonio que devora las almas, no me quería, y me
arrojó de nuevo a la vida para que pudiera reflexionar sobre todo lo ocurrido y
lo contara a los demás.
»Sucedió así: Como tú ahora, yo también fui nombrado
vigía y enviado al Peñón de las Ánimas. Y, como tú, yo también dudaba
secretamente del sentido de mi misión pues hacía mucho tiempo que no había
guerra con los hombres del valle de Aridane. A pesar de ello, había que hacer
guardia; así lo había decidido el Consejo de Ancianos.
»Y un día vi un barco completamente distinto a
nuestros botes de madera de drago. Era gigantesco; tenía mástiles enormes y
velas imponentes, y en el mástil más alto ondeaba un patio de colores. El barco
entró en nuestra bahía y echaron el ancla. Del gran barco se separó un bote más
pequeño, cargado de hombres de armas relucientes y trajes que brillaban al sol.
Remaron hacía la orilla, atracaron, saltaron del bote y subieron por la playa.
(Harald
Braem)