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Última revisión: 15 de julio de 2010

 Tanausú, rey de los guanches

 

El libro contiene 60 dibujos rupestres descubiertos por el autor en varios lugares de culto de los guanches en La Palma.

De forma paralela al descubrimiento de América por Cristóbal Colón, Alonso de Lugo conquista la Isla de la Palma, la penúltima de las siete Islas Canarias que aún no había sido sometida a los Reyes Católicos. En 1492 llega De Lugo con tres navíos a la costa occidental de la isla.

En Benahoare, como los guanches llamaban a La Palma, el pueblo se une a Tanausú, el rey de la tribu de Ácero y guardián del Roque Santo, para preparar la resistencia. Pero con el engaño y la traición consiguen los españoles vencer a los guanches y detener a Tanausú...

En esta novela, Harald Braem describe el panorama de toda una cultura desaparecida, recreando un mundo mágico y profundamente enraizado con la naturaleza de los guanches.

«¡Enhorabuena! Así se hace comprender la historia a la gente.» (Offenbach Post)

«Harald Braem ha captado la mentalidad de los conquistadores, los pioneros inhumanos de la Edad Moderna en un opresivo cuadro histórico.» (Tages-Anzeiger Zürich)

Harald Braem: Tanausú - Rey de los Guanches. Novela, 312 págs., ilustrado, Editorial Zech, Tenerife 2005, ISBN 978-84-933108-5-1, 14,50 euros.
 

 Muestra de lectura: "Tanausú - Rey de los Guanches"

 

I.
ABONA

–Escucha –dijo el anciano–, voy a contarte la historia, y te sonará distinta a como la has oído antes. Pues al contrario que la mayoría, yo sé de lo que hablo. Yo estuve allí entonces, hace cuarenta años, cuando los extranjeros llegaron a nuestra isla cruzando el mar...

»¿Ves el barranco que se extiende desde aquí hasta la bahía? Se llama Barranco de las Angustias, y ya lo creo que merece ese nombre. Fue terrible lo que ocurrió allí abajo; corrió mucha sangre y el río Taburiente se tiñó de rojo. Numerosos guerreros murieron en la lucha, casi todos enemigos, pero también muchos de nuestra tribu. Yo mismo resulté herido y yací un largo tiempo en el umbral del Reino de las Sombras. Pero mi hora aún no había llegado. El Guayote del volcán, el demonio que devora las almas, no me quería, y me arrojó de nuevo a la vida para que pudiera reflexionar sobre todo lo ocurrido y lo contara a los demás.

»Sucedió así: Como tú ahora, yo también fui nombrado vigía y enviado al Peñón de las Ánimas. Y, como tú, yo también dudaba secretamente del sentido de mi misión pues hacía mucho tiempo que no había guerra con los hombres del valle de Aridane. A pesar de ello, había que hacer guardia; así lo había decidido el Consejo de Ancianos.

»Y un día vi un barco completamente distinto a nuestros botes de madera de drago. Era gigantesco; tenía mástiles enormes y velas imponentes, y en el mástil más alto ondeaba un patio de colores. El barco entró en nuestra bahía y echaron el ancla. Del gran barco se separó un bote más pequeño, cargado de hombres de armas relucientes y trajes que brillaban al sol. Remaron hacía la orilla, atracaron, saltaron del bote y subieron por la playa.

(Harald Braem) 

 

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